julio 25, 2024
actividad física IMC

¿Cómo puede la actividad física afectar tu IMC?

El IMC es uno de los parámetros recomendados por la OMS (Organización Mundial de la Salud) para determinar el exceso o la falta de grasa en cada persona. Se puede calcular mediante una división entre el peso de la persona y su altura (al cuadrado), por lo que cada persona puede conocer el margen en el que se encuentra según sus condiciones. No obstante, este indicador tiene un alcance limitado, debido a que no diferencia entre tipos de grasas presentes en el cuerpo ni indica sus localizaciones, pero sí que supone un filtro inicial para considerar la situación de la persona.

La altura no se puede modificar, así que en los kilos que marca la báscula se encuentran las posibilidades de mejora. En ese sentido, la actividad física se presenta como una de las técnicas más eficaces. Practicar ejercicio de manera regular tiene notables beneficios para el cuerpo y entre ellos está la pérdida del exceso de grasa. Las posibilidades son múltiples, salir a andar, correr, montar en bicicleta o practicar un deporte concreto; ya sea en el exterior o mediante máquinas en casa.

El deporte supone una exigencia física para el individuo, que se traduce en la conversión de azúcares y grasas en otras sustancias que son expulsadas al exterior. De esta manera, el cuerpo quema los compuestos sólidos, que solo se recuperan mediante el consumo de alimentos. Con una dieta equilibrada y adecuada, las grasas malas se pierden y la persona va perdiendo kilos de forma progresiva. 

El objetivo es practicar ejercicio como vía para reducir el peso hasta conseguir unos valores de IMC saludables, que se calcularán en función de la altura de la persona. Es decir, se establecen unos criterios que ligan las condiciones del sujeto a un resultado concreto. Desde la perspectiva de la actividad física, su relación con el IMC es directa, pues tiene la capacidad de modificarlo de forma positiva. 

¿Cuál es el IMC ideal?

Para responder a esta pregunta hay que conocer la fórmula, que sigue la siguiente ecuación: se divide el peso en kilos entre el cuadrado de la altura, calculada en metros
(kilos / metros al cuadrado). El resultado que se obtiene se sitúa en un amplio intervalo, entre 15 y 40. Evidentemente, no todas las cifras indican lo mismo. 

Las personas con un IMC por debajo de 18,5 tienen un peso insuficiente, por lo que deben ganar kilos para conseguir un punto adecuado según su altura. Entre 18,5 y 24,9 se considera un peso normal. Un dato clave para entender mejor cuál es mi peso ideal es tener un resultado similar de kilos y centímetros a partir del primer metro de altura. Es decir, una persona que mide 1,75 metros tendrá un peso óptimo si éste pesa 75 kilos. Hay un margen del 10%, siempre de menor peso, que entra en el margen del “normopeso”.

El sobrepeso se considera a partir de un IMC superior a 25 y 30 es el límite para empezar a considerar que una persona presenta obesidad. 

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